Leer del mismo móvil con el que grabas es un problema de geometría, no de ajustes. El texto necesita cierto tamaño en tu campo de visión para leerse de un vistazo, y un encuadre favorecedor pide la cámara a un brazo de distancia o más. Aleja la cámara y el guion encoge; sube la letra y te caben cuatro palabras por línea, así que el texto se desplaza sin parar y se te nota en los ojos.
Los estudios nunca tuvieron este problema, porque un teleprompter de estudio pone el texto en un monitor aparte, bajo un cristal delante del objetivo. La cámara va donde el plano la necesita. Puedes hacer lo mismo con una tableta o un móvil viejo: colócalo junto a la cámara, pon el guion en él y aleja la cámara hasta donde el encuadre queda bien de verdad.
Lo que hay que comprobar en cualquier app que ofrezca esto es qué pasa cuando los dos dispositivos no coinciden. Si cada pantalla avanza con su propio reloj, se separan: al principio no se nota, y en una toma larga hay una línea o más de diferencia. Y si la app para el guion en cuanto el enlace tropieza, esa interrupción molesta mucho más que el desfase. Talk2Camera da a los dos dispositivos el punto de partida y la velocidad y deja que cada uno calcule su posición, así que no se envía nada por fotograma y un enlace caído no detiene el guion.
Configurarlo es escanear: un dispositivo muestra un código de emparejamiento y el otro lo lee con su cámara. Los dos se conectan directamente entre sí en lugar de a través de un router, así que funciona sin wifi y sin cobertura, y nada de tu guion sale de los dos dispositivos. Conviene saber una limitación de antemano: un iPhone puede unirse a una red que cree otro dispositivo, pero no puede crearla él, así que si emparejas una cámara iPhone con una tableta Android lejos del wifi, es la tableta la que muestra el código.
