Lee tu último guion en voz alta, a volumen normal y de pie. La mayoría lo detecta a los treinta segundos: frases que piden dos respiraciones, una subordinada que se muerde la cola, una palabra que nunca dirías.
Escribir para el oído es un trabajo distinto de escribir para el ojo, y casi nadie lo aprende. Esta es la versión corta.
Una idea por frase
En papel se puede volver atrás. En voz alta no, así que una frase con dos ideas pierde una. Pártela. Te parecerá que escribes demasiado simple, y sonará mejor.
Escribe como hablas
Si dirías «no está mal», no escribas «no se encuentra mal». Los guiones llenos de formas cultas hacen que la gente suene rígida, porque está leyendo una versión de sí misma que no existe.
La palabra importante, al final
Una frase aterriza en su última palabra. «Esto te ahorra una hora» es más flojo que «esto te ahorra una hora, cada semana». Reordena hasta que lo que quieres que recuerden sea lo último que dices.
Señaliza los giros
Quien escucha no ve tus subtítulos. Dale el equivalente hablado: «aquí viene lo que me sorprendió», «eso era la preparación; esto es lo que pasó de verdad». Dos o tres de estas sostienen un vídeo entero.
Cronométralo antes de grabarlo
El número de palabras predice la duración mejor que el instinto, y pasarse de largo es el motivo más común por el que se abandona una buena toma. Talk2Camera muestra el número de palabras y el tiempo de lectura estimado de cada guion antes de empezar.
Después léelo contra el teleprompter y no en una hoja: el ritmo cambia en cuanto el texto se mueve. Lo que aún haya que apretar se recorta luego en el editor, pausas incluidas.
